Liquidación de bienes tras el divorcio

Cómo hacer una liquidación de bienes matrimoniales perfecta

 

“Yo es que soy de letras”, o “yo es que soy de números”. Ya está. Y esa persona se convierte automáticamente en cascarón de huevo. Patente de corso para seguir navegando en una feliz ignorancia de la que no saldrá nunca, seguramente.

Todas y cada una de las veces que he escuchado ese tipo de frases para justificar el no tener ni la más remota idea de nada que tenga que ver con números (en el caso del Derecho) y no querer seguir hablando de ese tema he pensado que no se trata más que de una excusa autocomplaciente para aquellos que no es sólo es que “sean de letras”, sino que ni se les pasa por la cabeza acercarse a nada que no tenga que ver con “lo suyo”. Eso se acabó. La transversalidad no es una moda pasajera ni un término esnob del que nos reiremos en unos cuantos años, sino que se trata de una idea que ya tenían arraigada los antiguos humanistas y que ha vuelto para quedarse. Por supuesto que no se puede ser un profesional o un experto en todas las materias, pero merece la pena esforzarse en comprender otras materias que nos permitirán abordar un determinado asunto desde distintos ángulos.

Pero ¿qué clase de introducción es esta para un post? ¿Qué tiene que ver esto con el Derecho? Pues mucho, pero básicamente lo que intento es avisaros de que esta entrada no sigue el estilo habitual, ni la redacción habitual, ni el formato habitual. Pero os aseguro que merece la pena.


El reparto y liquidación de bienes es quizá uno de los trámites más complejos en lo que a procedimientos de divorcio se refiere y esto por distintas razones:

  • Determinados bienes tienen un valor más allá del meramente económico para alguno de los cónyuges.
  • Las partes se encuentran -por lo general- en un momento de excitación emocional que les impide ser objetivos en el reparto.
  • La envidia respecto a los bienes que han sido asignados a la otra parte hace que nos enrolemos en un proceso interminable de recursos y quebraderos de cabeza.

 

Pero ¿y si pudiéramos llevar a cabo un reparto inmejorable? ¿y si existiera un método que ambos cónyuges consideraran justo, igualitario y eficiente? Aunque sólo funcionara una de cada cien veces, ¿acaso no merecía la pena intentarlo? Cicerón diría que sí. Pero para eso, tenemos que quitarnos de la mente el “yo es que soy de letras”, porque la solución no es ni más ni menos que una fórmula matemática.

¿Ha dicho una fórmula matemática? ¿En Derecho?

No, en serio.

En 1999, Brams y Taylor[1] publicaron un maravilloso método en el cual el reparto se lleva a cabo con base en un criterio de “utilidad” y que Alfred Font Barrot expone en su libro “Las 12 leyes de la negociación”[2], el cual recomiendo encarecidamente a todo aquel interesado en ese maravilloso mundo. Las líneas que siguen a continuación son una transcripción casi literal de su explicación, por entender humildemente que intentar cambiar los ejemplos, su explicación o el desarrollo no puede sino enturbiar lo que de forma tan elocuente expone el autor al cual le profeso una sincera admiración. Toca coger lápiz y papel.

Los autores denominan a este procedimiento “el ganador ajustado” y consta de dos fases: una subasta inicial y un ajuste subsiguiente.

FASE DE SUBASTA

Cada uno de los interesados en un reparto dispone de 100 puntos de utilidad para distribuir secretamente entre los bienes que se van a repartir según su ordenación de preferencias y la intensidad de las mismas (la asignación de puntos de utilidad permite expresar ambas variables). Los beneficiarios saben que, como resultado de esta subasta, se asignará provisionalmente cada bien a quien lo haya puntuado más. Los bienes puntuados por igual no se asignan a nadie, por el momento. Vamos a utilizar como ejemplo el caso de una pareja radical chic que se divorcia y tiene importantes bienes que repartir.

 

El Reparto entre Tim y Wendy

En la fase de subasta secreta, los dos miembros de la pareja que se divorcia han asignado sus 100 puntos de utilidad entre los bienes que hay que repartir del siguiente modo:

Asignación de puntos
Propiedades Tim Wendy
Apartamento (300m2) en Barcelona 20 15
Casa en Sitges 15 25
Acciones de L’Oréal (París) 35 40
Finca Son Vent (Mallorca) 10 5
Loft en París 10 10
Colección de arte precolombino 2 3
Velero Icaria 8 2
Puntos de utilidad resultado de la asignación provisional 38 68

 

Como resultado de la fase de subasta:

  • Tim ha obtenido provisionalmente el apartamento de Barcelona, la finca de Mallorca y el velero. Puntos de utilidad total provisional: 38 puntos.
  • Wendy ha obtenido provisionalmente la casa de Sitges, todas las acciones de L’Oréal y la colección de arte precolombino. Puntos de utilidad total provisional: 68 puntos.

 

Puesto que el reparto pretende ser justo, los puntos de utilidad final de cada uno deben ser los mismos. ¿Podemos llegar a conseguir la igualdad absoluta de acuerdo con los valores de cada cual? Para empezar a reducir la diferencia entre Tim (38) y Wendy (68), disponemos todavía de un bien que no ha sido atribuido a nadie, porque ha recibido de ambos la misma puntuación (10); el loft de París. Lo adjudicamos a Tim, quien verá su utilidad incrementada en 10 puntos.

Ahora el recuento de puntos de utilidad arroja el siguiente resultado: Tim tiene 48 y Wendy, 68. Todavía nos falta mucho para llegar a la igualdad, así que hemos de pasar a la segunda fase, o fase de ajuste.

Si habéis llegado hasta aquí, sois unos valientes. Y John Travolta se alegra por ello.

 

FASE DE AJUSTE

Hay que encontrar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿qué porción de qué bien de los que se han asignado provisionalmente a Wendy deberá ser transferida a Tim para que ambos acaben obteniendo idéntico número de puntos de utilidad? Expresado en una ecuación, nuestro objetivo es:

PuT= PuW

(donde Pu significa puntos de utilidad, Siendo T y W las iniciales de nuestros sujetos)

En primer lugar, debemos decidir cuál es el bien que vamos a fraccionar. Para ello, debemos identificar aquel bien cuyo cociente (ratio), resultado de la división entre los puntos que le ha asignado el que lo ha ganado en la fase de subasta y los puntos que le ha asignado el que lo ha perdido, sea menor. Hay que seguir el criterio del cociente menor por una razón de eficiencia: cuanto menor sea la diferencia proporcional entre las respectivas valoraciones, menor será la porción del bien que será necesario transferir para igualar los puntos de utilidad.

Veamos:

  • Casa de Sitges: 25 / 15 = 1,66
  • Acciones de L’Oréal: 40 / 35 = 1,14
  • Arte precolombino: 3 / 2 = 1,50

 

El cociente menor es el correspondiente a las acciones de L’Oréal. Este es el bien que se fraccionará.

Recordemos que nuestro objetivo era:

(1) PuT = PuW

Para lograrlo, los puntos de utilidad provisional de Tim tendrán que verse incrementados mediante la adquisición de una fracción de un bien (las acciones de L’Oréal), que él valora en 35 puntos, es decir:

(2) PuT = 48 + 35x

Correlativamente, los puntos de utilidad provisional de Wendy deberán ser minorados por la transferencia de la misma fracción de un bien (las acciones de L’Oréal), que ella valora en 40 puntos, es decir:

(3) PuW = 68 – 40x

Por consiguiente, sustituyendo las expresiones (2) y (3) en la expresión (1):

48 + 35x = 68 – 40x

Es decir:

75x = 20

x = 20 / 75

x = 4 / 15

 

Para obtener la igualdad del reparto, medida en puntos de utilidad, Wendy debe transferir a Tim cuatro quinceavas partes de las acciones de L’Oréal. Unas vez transferidas las acciones, cada uno habrá obtenido idéntica utilidad.

 

El reparto que no se puede mejorar es el siguiente:

 

Tim: el apartamento de Barcelona, la finca de Mallorca, el velero y el 26,66% de las acciones de L’Oréal.

Wendy: la casa de Sitges, el 73,33% de las acciones de L’Oréal y la colección de arte precolombino.

 

Demostración de la igualdad de utilidad:

PuT = 48 + 35(4/15) = 57,33

PuW = 68 – 40(4/15) = 57,33

Es decir, que tal como pretendíamos:

PuT = PuW


Lo sorprendente es que cada uno ha obtenido más de 50 puntos de un total que valoraba en 100. ¿Cómo es posible? Lo es porque el reparto de bienes se ha hecho en función de las utilidades respectivas y el sistema de cálculo las ha optimizado. Se ha producido un fenómeno que representa la quintaesencia de la negociación inteligente. Se ha creado valor, pero no en perjuicio del otro. El sistema de reparto no solamente ha asegurado la igualdad en la utilidad, sino que ha sacado partido de las diferencias de valoración para incrementar la utilidad obtenida por cada uno. Enhorabuena.


[1] Brams, S. J., Taylor, A. D., The WIN-WIN solution, W. W. Norton & Company, Nueva York, 1999.

[2] Font Barrot, A., Las 12 leyes de la negociación. O eres estratega o eres ingenuo, Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U., Barcelona, 2013.

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