De la Oratoria y los abogados

En el mundo de la abogacía existe una paradójica y triste realidad a la que debemos enfrentarnos.

Para exponerla, pensemos por un momento en un procedimiento “equilibrado” jurídicamente hablando, esto es, escritos de demanda y contestación bien fundamentados, pruebas periciales contradictorias en ambas partes, un testigo relevante por cada uno y jurisprudencia menor también discordante. Dos tesis opuestas profundamente estudiadas y trabajadas. Hasta aquí, todo normal. En su vida, un abogado se enfrenta a decenas de casos en los que la balanza de la Justicia no está inclinada hacia un lado u otro.

He aquí, entonces, la pregunta del millón: ¿quién ganará el procedimiento?

Y la respuesta: quien consiga convencer al Juez de que su tesis es más válida que la de la contraparte.

 

Es entonces cuando entra en juego la oratoria y la comunicación. Esas materias que no se imparten en la facultad, que apenas se tratan en la mayoría de las Escuelas de Práctica Jurídica y que no son tomadas en serio por los planes de estudios. Justo esa materia que nos permitirá convencer al Juez de que, efectivamente, nuestra tesis era más válida que la del compañero.

A pesar de lo expuesto, lo NORMAL es que los abogados no dediquemos tiempo a asegurarnos esa gran mayoría de procedimientos que, como decíamos, están jurídicamente “equilibrados”. Del mismo modo que no concebimos un leñador que no afile su hacha antes de cada tala, no deberíamos concebir un abogado que no se instruya en su herramienta más valiosa: su capacidad para convencer.

Demóstenes practicando oratoria, por Jean Lecomte du Nouÿ

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Por suerte para nosotros, el buen orador no nace; se hace. Repitan conmigo: se h-a-c-e. Y la imagen que acabáis de ver es muestra de ello. Por eso, en este primer post acerca de oratoria, os traigo una lista sin ánimo de ser exhaustiva que nos acercará al orador ideal.

5 claves  para el orador jurídico

  1. Controla tus nervios

El principal obstáculo al que se enfrenta un abogado –sobre todo en sus comienzos- es el miedo a hablar en público. Y no son casos puntuales, ni mucho menos. Según el informe de Adecco sobre glosofobia (el miedo a hablar en público), estima que un 75% de la población sufre algún tipo de ansiedad y nerviosismo al hablar en público.

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Esto puede sonar a consejo de abuela, pero os puedo asegurar que funciona: respira. Respirar profunda y lentamente antes de nuestros turnos de intervención provoca un estímulo reflejo del sistema nervioso parasimpático (jeje), lo cual hará que nuestros músculos se relajen y nuestro corazón lata de forma pausada. Además, nuestro cerebro estará más oxigenado, por lo que la actividad cerebral tenderá a normalizarse, reduciendo así la sensación de ansiedad. Dadle una oportunidad, en serio.

 

  1. Exhorta a la acción

El final de una intervención o un discurso es una de las partes más importantes del mismo. Se trata de un elemento estratégico que debemos cuidar meticulosamente, ya que será el poso de nuestra intervención en la memoria de los oyentes. No desperdiciemos ese momento único con frases como “y este es el final de mi alegato”.

De entre la multitud de finales a los que podemos recurrir, el exhorto a la acción es uno de los más efectivos en sede judicial. Ese es, en definitiva, nuestro objetivo último: persuadir al juzgador de que haga lo que nosotros le pedimos. Moverlo a la acción.

La única razón para pronunciar un discurso es cambiar el mundo. -John F. Kennedy-

Para exhortar a la acción a un auditorio es imprescindible determinar previamente qué queremos de ellos, qué vamos a pedirles, en definitiva. Asimismo, cada parte de nuestro alegato deberá tener un fin concreto que debe estar previamente fijado. Finalicemos nuestras intervenciones con una petición firme, expresada de forma específica y contundente que deje claro qué es lo que pedimos sin miedo a salirnos del ya conocido “por todo ello, solicitamos una sentencia íntegramente estimatoria de la demanda y de conformidad con el suplico de la misma, con expresa imposición de costas”. La sentencia estimatoria NO ES lo que queremos conseguir. La sentencia estimatoria es el MEDIO a través del cual queremos conseguir que cambie la situación real que nos ha hecho llegar al plenario y que queremos cambiar.

 

  1. Utiliza ideas simples

Una intervención ideal es aquella mediante la cual se consigue que el Juez o Tribunal llegue a una conclusión por sus propios medios. Por la que llega al autoconvencimiento de que nuestra tesis es merecedora de protección judicial. La mejor vía para conseguirlo es la simplificación de las ideas que queremos transmitir. No nos confundamos nunca entre lo simple y lo simplista.

Necesitas la versión más simple de la idea para que crezca naturalmente en la mente de tu sujeto. Es un arte muy sutil. -Origen-

 

Este es un ejemplo de las distintas fases por las que pasa la presentación de una idea:

“La actividad probatoria desplegada de contrario no desvirtúa suficientemente el principio de presunción de inocencia sobre el cual se instituye nuestro Ordenamiento Jurídico Penal”

“La parte contraria no ha demostrado suficientemente los hechos que se imputan a mi representado”

“No hay pruebas suficientes”

  1. “Lee” al Juez o Tribunal

En oratoria, todo lo que no suma, resta. Además, si importante es saber cuándo hablar, tanto o más lo es saber cuándo no hacerlo. Ahí estamos nosotros, con nuestro informe y conclusiones preparados de maravilla, lo hemos ensayado decenas de veces, hemos empleado nuestra mejor prosa en su redacción y estamos como locos por exponerlo –que para eso lo hemos trabajado-.

Es entonces cuando nos olvidamos de que Su Señoría es un ser humano. Una persona con emociones que –por supuesto- juegan un papel importante a la hora del dictado de la sentencia. No le hagamos perder el tiempo, por el amor de Dios. Si alguna cuestión ha sido ya zanjada, no insistamos más. Si algún compañero ya ha explicado los conceptos técnicos necesarios en los que se basa el litigio, no repitamos lo mismo para “demostrar” que hemos estudiado el tema.

¿Y cómo sabemos cuándo está de más hablar? La mayoría de las veces, bastará con mirar a los ojos del Juez o el Tribunal y sus gestos para entender qué intenta decirnos. Para ello, el primer paso es no leer nuestros informes sin levantar la vista del papel cual mula con orejeras, para poder así pasar a “leer” los gestos del Juez. José Ramón Chaves ya escribió un recomendadísimo post acerca de las miradas del Juez que podéis ver aquí.

Que me mires, leche

 

  1. Sé asertivo

Una de las claves para comunicar eficazmente es hablar de forma asertiva. La asertividad nos permitirá expresarnos de forma eficaz en el virtuoso punto medio entre la agresividad y la pasividad. Entre el letargo y la ansiedad emotiva que nos llevan a tomar decisiones de forma irracional. Una de las características de lenguaje asertivo es la habilidad para defendernos sin tapujos ante los ataques de contrario y saber decir no en una situación negocial determinada, sin embargo, en esa autodefensa debemos ser capaces de desvincular el mensaje de todo engreimiento u hostilidad hacia la otra parte.

No podemos olvidar que el compañero contrario seguirá siéndolo cuando nuestro cliente haya dejado de serlo. Es lícito llevar a cabo nuestra mejor defensa en interés del cliente con todos los medios a nuestro alcance, pero evitemos ataques personales directos. Un sencillo primer paso para conseguir una comunicación asertiva es desconectar la idea del contrario de su emisor. No es igual decir “el compañero Romero parece tonto defendiendo la teoría de los actos propios, ya que no es de aplicación en este caso” que decir “esta parte no llega a entender por qué se ha intentado acudir a la teoría de los actos propios, cuando claramente no es de aplicación en este caso”.

 

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4 comentarios en “De la Oratoria y los abogados

  • Me encanta la manera de exponer el tema. Tienes muchas ideas y tienes que sacarlas adelante. Dios reparte dones, que a veces ni reconocemos. Si tienes la suerte de haber descubierto los tuyos, no los escondas. Me encanta la gente emprendedora y con ideas y creo que a tí de eso te sobra. Te deseo todo lo mejor

  • Post a post, leyendo y aprendiendo. Me gusta y me motiva la frase “Por suerte para nosotros, el buen orador no nace; se hace. Repitan conmigo: se h-a-c-e.”

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